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mi infancia.




anoche soñé contigo. obviamente no quería despertar...

¿sabes qué fue lo más curioso? justo antes de despertar, te dije que iba a apagar el despertador, y que ya volvía... me dieron tantas ganas de llorar, de lanzarme contra el mundo...
obviamente no volví. obviamente pensé en tí todo el día, como inevitablemente lo he hecho desde que tú me hablaste a mí. tú lo hiciste. prácticametne ninguna mujer lo hace. supongo que fue eso lo que me llegó al corazón.

no quiero molestarte. de veras. es por eso (y sólo por eso) que no te digo esto directamente a tí, como hombre. soy un cobarde. lo siento. lo sé. nunca lucho contra mí mismo. no acostumbro a hacerlo.

¿leerás esto, tú? ¿acaso algún día te 'diré' lo que pienso? no lo creo. casi que no lo quiero. pero no porque no quiera hablarte (... cuánto daría por hacerlo normalmente... ) sino porque siento que mi presencia es incómoda. es lógico.
prácticamente no te conozco.



¿quién le va a un taller de cine experimental de 16mm?

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es tan bella, Emilíana...




no matarás.
es tan simple... no es una instrucción. no; no es una orden, yo creo que ni siquiera es una recomendación. para mí (por lo menos para mí) no es más que una simple verdad, llana y clara. ojalá todos pudiéramos seguirla.
claro que he sentido ganas de matar. ganas de hacer daño. ganas de vengarme, de sentir que valgo algo, que merezco respeto. pero la verdad está ahí. como es obvio, me he equivocado.



como todo esto es - y será, ojalá - gracias a Diana Marcela, dejo que ella sea quien hable primero.
De nuevo curioso, curioso que no te haya cobrado ese lugar, curioso que te haya permitido ocuparlo, estás cerca, pero lejos de saber que eres el destinatario de cada escrito que toma vida en cada noche en la que no hago otra cosa que pensarte, cada destello que produce la Luna, me recuerda tu sonrisa, razón para darle vida a todo lo que produces en mí.

gracias por la inspiración.
ojalá seas realmente feliz con quien fuera a quien iba dirigido ese párrafo.